22.5.26

Prefijo des-de

si la vida ya es de por sí complicada, ¿a quién se le ocurrió que era buena idea el prefijo des-de? 

Para poner distancia con respecto a lo que sentimos, para alejarnos de lo que pensamos, para movernos hacia direcciones que no deseamos, muchas veces en sentido contrario a lo que creemos. El mundo está cambiando a pasos acelerados. No da tiempo de tomar un respiro entre la vorágine de contrasentidos en los que día a día estamos inmersas. Estamos dando pasos agigantados hacia un pasado por el que muchas lucharon para lograr ciertos derechos, los que nos negaron los hombres, los heterosexuales, el patriarcado y no sabemos cómo responder ante esa afrenta. Estamos paralizadas y la parálisis se demuestra riéndonos  del gaslighting o aceptando el mansplaining de alguien con el que compartimos mesa en una conferencia. 

desilusión decolonial defraudar desasosiego desamor desmentir desbordar desesperar desafiar desistir deslumbrar desmentir desconocer deconstruir 

Pero el gaslighting también se da entre mujeres. Mujeres, colegas, amigas, hermanas que imponen una visión de la realidad a quienes no somos normales o nos resistimos a las convenciones más vulgares del sistema. Una paradoja interesante de nuestro tiempo. Si no puedes con el enemigo, únete. Se necesita valor para desafiar las inercias. No siempre se puede ni se quiere. La sociedad está cambiando. Hay que aceptar esos cambios, reflexionar sobre los que nos afectan y cómo afectamos. 

prefijo des-de los afectos con lo que a diario nos topamos de frente 

No hay solo buenos, mucho menos malos. Cada quien, como puede, desde donde sabe, está tratando de encontrar un lugar en el algoritmo que nos dice lo que necesitamos según nuestras búsquedas o el tiempo que nos quedamos observando un video. Pero quizá lo que necesitamos es tomar un respiro, dejar que las aguas tomen su ritmo, dejar que la memoria de los otros cuerpos vivos se desborde, nos cubra, nos haga desistir de nuestro desasosiego.

¿Por qué no escoger, también de la selección des-de aquellos verbos que nos resignifican, revitalizan, reconfiguran, en sintonía con el prefijo re y nos des-re-gularizamos de los anacronismo de nuestra época?

Aprender por fin a vivir es el título del libro en el que entrevistan a Derrida cuando este ya sabe que está próximo a morir de cáncer. ¿Por qué esperar hasta el final si tenemos los prefijos y los podemos modificar a nuestro antojo?

5.3.26

11 de Marzo

I

Este mes no fue la excepción, se sintió como los últimos siete años. Salvo que ahora ya no hay vuelta atrás. Se cierra el caso, se archiva el expediente. Cold case dice la serie gringa. Después de siete años todavía tenía esperanza, pero no lo sabía. Esperanza en que se hiciera justicia. ¿Pero qué es hacer justicia? Y ¿quién tiene que hacer justicia? 

Intento descubrirlo en la filosofía con poco o nada de certeza todavía. O, por lo menos, eso fue lo que te prometí el día de tu entierro, con el corazón en la mano. Promesas que flagelan a manera del último verso de un poema de Celan: "el mundo se ha ido, yo tengo que llevarte". Me lo tatué en el alma sin saber que hacer justicia no debió ser una consigna exclusivamente mía. 

Ciertamente lo que era mi mundo se fue durante los años que estuve en duelo, pero ahora también sé que no tengo que llevarte.

II

Inconscientemente o quizá no, volví a impartir el seminario de Antígona este semestre. He vuelto a leer la tragedia de Sófocles como si fuera la mía. Pero la pregunta que un estudiante hizo en una de las notas reflexivas que les pido cada semana fue lo que deshizo el nudo que sentía en el pecho desde hace un par de semanas o quizá años: "¿realmente tiene razón Antígona en insistir en enterrar dentro de las fronteras a un enemigo del Estado que, siendo su hermano, organizó un ataque contra su propia ciudad para reclamar poder? ¿Merece Polinices los honores funerarios?". 

Si reflexiono sobre estas dos preguntas que se hace mi estudiante a la luz de los hechos, de las pérdidas afectivas en las que he incurrido estos años, también me pregunto, a manera de analogía, si tenía razón en querer que se te hiciera justicia. Pienso que sí, que no solo tenía razón, sino necesidad de hacerlo. 

Han pasado siete años. Existen maneras de hacer justicia que quizá no alcanzamos a comprender porque pensamos que solo las podemos enmarcar en la ley del Estado, la ley familiar y de la ley divina. Hace siete años te mataron y una parte de mí también se murió contigo. Ahora toca por fin aprender a vivir con ello.