16.7.13

Día 128

A dos días de partir nuevamente a recorrer otras fronteras o a cruzar las propias. Un viaje cantado y decantado. Un viaje que de tanto prometer se ha desgastado incluso antes de partir. Un viaje que incluso ha llegado a ser irrealizable. Estirar la liga a cada rato. A dos días, nunca he dudado tanto de hacer un viaje. Un augurio del cambio. Cuando algo da tanto miedo es porque su esencia es el cambio. Recorrer fronteras, regresar a lugares que he vivido con distintas personas y diferentes propósitos. Tengo miedo, la adrenalina de moverse nuevamente, de la exigencia de salirse de un círculo vicioso. Los viajes ayudan a entender y a ser, a encontrarse. La alerta de líos viajes también funciona como terapia de contraste. Confianza. 


Día 127

Pasear por Coyoacan. Enseñar mi barrio a las sobrinas de una amiga que se ha vuelto parte de la familia. La complicidad de los lazos. Así llega una a los países. Ve y dile a tal que soy tu hermana, tu amiga, tu ... A veces la gente te acoge otras no. El dilema de la hospitalidad... Seguiré pensando en ello. 

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De un día para otro dejé de trabajar. Me saturé. Dejé a la mitad el capítulo que según iba a terminar antes de partir. Hice otras cosas, muchas más. Lazos con gente que me ha abierto las puertas a otros conocimientos. Ya regresaré a la labor de escribana posmoderna.


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Reunión de amigas informal en la cocina de una de ellas. Unas chelas y a ponernos al día por turnos. Mientras una fumaba o comía o bebía o cocinaba la otra platicaba con soltura. Hablamos de los viajes, del amor, del desamor. De los retos, de los proyectos, de la esperanza. Un remanso de paz cuando platicas con la otra que te conoce de tiempo y ya no te juzga, sólo con la mirada te observa y te dice "ya pasará". Seguimos juntas después de muchos años.

14.7.13

Día 126

Cómo sobreponerme? Tierra y tiempo... Distancia. Los viajes son un reto. Asumo este con felicidad y coraje. La tristeza no puede durar para siempre. Hoy soy otra. Hoy sentí el cambio. Hoy voy a volar gracias a ustedes, mi familia que me dan la fuerza para seguir adelante.

Día 125

Quiebre... No tengo palabras

12.7.13

Día 124

Ayer nos reunimos a cenar y ponernos al día. Es curioso cuando los hermanos nos hacemos adultos pero seguimos siendo los mismos niños para los ojos de los otros. Niños caprichosos, consentidos, quizá hasta inmaduros. Las hermanas mayores que ahora también son madres han cambiado su forma de ver a sus hermanos menores; a veces parecen ser más comprensivas pero siempre queda un dejo de tono maternal, una preocupación fidedigna, pero a la vez una postura de lo que está bien o está mal en el otro, no en quienes emiten el juicio. Ayer cenamos para reconocernos, para reencontrarnos. No sé si lo logramos. Han pasado varios años que no cenábamos juntos los cuatro, sin hijos y sin papás, ya sea porque algunos se fueron del país para cambiar de residencia o porque otras nos fuimos quedando cerca del lugar donde nos sentimos más seguras. Platicamos para romper el hielo. Supongo que ninguno tenía expectativas de arreglar el mundo, seguramente cada uno, a su forma, siente que lo tiene todo arreglado o está en ello. Nos juntamos con la ilusión de vernos, con el cariño de sabernos hermanos, cómplices de los secretos y lealtades de mis padres para con sus padres, y de nosotros para con nuestros padres. Padres que cada uno podría definir de distinta manera pues los acercamientos para con nosotros han sido diversos. Un día mi padre me dijo que los hijos son como los dedos de la mano, todos diferentes y a ninguno se le puede querer igual. En ese momento me pareció injusto, ahora estoy convencida que es parte de la condición humana, de nuestras carencias, pero sobre todo de nuestras lealtades.

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Ayer hablamos de los silencios, de las cosas que no se han dicho, de las lealtades que permanecen, como un secreto a voces que enrarecen el ambiente. Hablamos de los innombrables, de los excluidos, de los que existen como fantasma o como muertos vivientes. Quizá exagero, quizá solo a un par le es significativo y al resto no les interesa. A mí me interesa y me preocupan los silencios, no como ausencia de sonido, sino como evasión de responsabilidades. Cuánto daño puede hacer lo no dicho? Habremos confundido ser respetuosos con evasión? Vale la pena indagar en los velado? A mí no me corresponde. Sólo sé que también he tenido lealtades, y que esas lealtades nos hacen cómplices.

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Ayer cenamos juntos. Nos vimos como adultos. Opinamos sobre nuestras vidas. Nos despedimos con la lluvia.