27.6.13

Día 110

El panóptico de Foucault no ha sido comprendido.
Abstraer la mirada desde la posición del guardia.
Traducir lo que hemos visto para quienes han decidido no ver.
O, mejor aún, no decir nada.
En la plaza George Orwell de Barcelona pusieron una cámara.
La cámara que vigila.
Una contradicción
George Orwell ya lo había anticipado.
Foulcault también.
Como muchos otros que lo han visto.
Que han traspasado la condición humana.
Muchos incluso los han leído.
Pocos los han entendido,
o los han malinterpretado,
o, peor aún, han abusado.
Así es la condición humana.
Los iniciados de la posmodernidad
o, mejor dicho, de toda la humanidad,
ellos, casi siempre ellos,
develan lo que ha sido resguardado
o resguardan los que ha sido olvidado.
La artimaña del poder es el conocimiento.

Día 109

Cuando el tiempo ha pasado sin pasar. Sin sentir sus estragos. Sin recaer en sus entrañas. La vida siempre alerta de los detalles nos hace estar atentos a nuestros éxitos o fracasos. La condición de nuestra existencia no sucumbe al sueño de quienes en vida esperan un mejor destino. Ya sea migrando, ya sea amando, ya sea viviendo. Cada quien descubre los artilugios de poder estar sin estar en el mundo. Un mundo de difícil aprehensión pero de grandes satisfacciones. No es en la negatividad de las promesas ni de las esperanzas donde se cimientan nuestros corazones sino en la volatilidad de la utopía, de ese proyecto que sólo existe en los que creen, que tienen fe. No un fe ciega, no una fe complaciente, no una fe institucionalizada. Una fe en la humanidad. Utopía. Deseo. Pretensión. La vida sigue y nada nos detiene, solo el clamor del pasado en sí. Despertar a la condición humana de su letargo es un proyecto ambicioso e infructuoso. Dejemos ser y seamos. Seres vicios, seres humanos, seres perfectos por su misma imperfección. Ayer aprendí algo.

25.6.13

Día 108

Los procesos creativos son procesos de aislamiento, de introspección, y disciplina. Cada quien inventa su metodología para crear, para escribir, para decir eso que creemos es tan importante para la humanidad, aunque en realidad sabemos que solo nos leerán un puñado de personas. Los necios escribimos por necesidad, por placer, por sentirnos vivos. En los procesos creativos no debería existir la frustración a menos que la intención sea distinta a la epistémica. No vamos a descubrir el hilo negro, solo vamos a deshacer los nudos que hemos hecho. Territorialización y desterritorialización del conocimiento, de los saberes, de los procesos creativos. Para escribir se necesitan condiciones, tiempo y disposición.  Condiciones económicas, tiempo libre y disposición para hacerlo. Un guiño con un saber, un pensamiento propio que leemos en otro, nos hace seguir el camino. Hojas de escritura en una sola sesión, aunque después venga la edición, hacen de la actividad creativa un aventura indescriptible. Ver un libro terminado a la distancia, leerlo, releerlo, desconocer a esa persona que lo escribió no por lo que dijo sino por cómo lo dijo hacen de la escritura un proceso gozoso de desdoblamiento del ser. El proceso creativo es ególatra, narcisista, pero no porque busquemos el reconocimiento o el éxito, sino porque nos enamoramos de esa persona que escribe, que somos nosotros mismos.

Día 107

Llevo dos días trabajando en un texto y me atoré buscando el libro de un autor. Que frustración. Quedarse varada por no tener el material a la mano y por no poderlo conseguir en pdf. Me he vuelto especialista en hurgar en la WEB, lo que nunca hice en las bibliotecas, gran contradicción. Desde siempre las bibliotecas me han parecido lugares inhóspitos, fríos, impersonales. Me gusta el anonimato y pasar desapercibida, pero justo en las bibliotecas siempre he sentido lo contrario. En las bibliotecas dejamos rastro de nuestra presencia, los bibliotecarios (o mejor dicho las bibliotecarias) nos observan con impaciencia, con desdén cuando no encontramos algo en esa clasificación abigarrada alfanumérica de las estanterías. En fin, las bibliotecas nunca han sido de mi agrado y por eso decidí invertir en la propia, aunque con cada cambio de casa ésta va disminuyendo considerablemente, seguramente llegará el día en que decida no cargar con ningún libro y termine donándolos todos a una biblioteca.

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He aprendido a leer en pantalla. Cambio total. Si antes abrazaba los libros, los tocaba, los olía, los guardaba  y ordenaba alfabéticamente en mi biblioteca, ahora me obsesiona buscar y "bajar" textos o libros completos en pdf. Puedo pasar horas buscando minuciosamente material para mis investigaciones. Me reconforta un hallazgo. Incluso he desarrollado varias formas de guardarlos y clasificarlos. La WEB está plagada de herramientas que han revolucionado incluso la metodología de hacer fichas bibliográficas. Es impresionante lo que se puede hacer con aplicaciones como Note Taker, Pages, Evernote, Dropbox, entre otras. Es impresionante que lo que antes almacenabas en cuartos completos ahora lo almacenas en un dispositivo electrónico y lo traes de un lado para otro. Corres el riesgo de perderlo pero es mínimo porque siempre puedes hacer una copia de respaldo en otro dispositivo electrónico o incluso "comprar" espacio en la WEB. Es impresionante. Seguramente las generaciones que nacieron con los dispositivos electrónicos no registrarán estas diferencias pero soy de la generación que vive los cambios: de la maquina de escribir a las tabletas electrónicas. Años luz de diferencia en el quehacer del investigador y del docente.

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Estoy varada y obsesionada con el texto que necesito. Seguiré hurgando hasta encontrarlo. Quizá no sea lo que busque pero por lo menos habré ganado la batalla.

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Autores: sean generosos con el conocimiento y suban a la WEB sus textos, muchos de nosotros lo agradeceremos.

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Llegará un día en el que desaparezcan las bibliotecas?

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Vs.