Cuando pienso que lo que hago no tiene sentido -casi siempre lo pienso después de no convivir con nadie por estar encerrada en mi casa trabajando- llega una luz que me indica por dónde debo seguir.
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Me declaro fan de los procesos creativos lúdicos y de pasara has horas seguidas por varios días encerrada en casa trabajando. El punto álgido es cuando debo salir de casa y socializar...
Hace unos días me quejaba del dolor de los brazos y las piernas, del cansancio del entrenamiento. Casi quince días en esta nueva faena y ya siento que lo estoy logrando. Cuanto ocio el mío que me deja llevar la cuenta de mis fechorías, de mis hipocondrías, de mis desvelos y mis añoranzas. Así somos los afortunados. Hedonistas.
Cuando creo que estoy lista para dejar a Derrida (en un intento de autonomía filosófica similar al hecho de independizarse de los padres) me vuelvo a encantar con su escritura y repliego mis deseos de filósofa adolescente (en el amplio sentido de quien adolece).
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Estoy revisando Aporías [alude a la muerte del ser en Heidegger e inicia con una hipérbole de la frontera de la propiedad y la frontera de la verdad. Tema crucial en el desarrollo de mi investigación en curso] y lo primero con lo que me topo es con la siguiente oración:
"Perder el tiempo sería perder el sólo bien del que se tiene derecho a ser avaro y celoso, el único y la propiedad, la única propiedad que cabría 'sentirse honrado de guardar celosamente' [citando a Séneca]". (18)
Leer esta oración en sabático me exime de mis culpas pasadas y presentes. Si en mi casa me hubieran regalado una tablilla grabada como la gracia de esta oración seguramente "mi deber ser" no sería tan dogmático.
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En tiempos presentes esta oración revoluciona el pensamiento voraz de los medios de producción. Y eso que Derrida no ha descubierto el hilo negro, sólo está citando a Séneca...