Observando el encierro

Escribir los humores de lo que pasa en un día es una tarea titánica, pero es también un ejercicio de las meditaciones tibetanas, recapitular tu día. Dejé de meditar cuando me di cuenta que no me gusta la parte ritual de ninguna religión o filosofía de vida. Soy católica por los títulos que obtienes cuando te comes la hostia en la primera comunión, pero no soy practicante y dejé de ser creyente cuando me enteré que en la literatura existía Abraxas. Busqué sin rumbo y por tiempo indefinido algo más en qué creer, me topé con el budismo y aprendí a hacerme cargo de mi sufrimiento y a entender sus causas en el análisis. Hace unos meses, cuando todavía estaba desconsolada por la muerte de mi hermano, le cuestionaba a mi terapeuta, me pides que crea en el proceso terapéutico cuando he dejado de creer en todo. A la siguiente semana volví para decirle que estaba de acuerdo. Estos momentos de encierro son de creer. Yo creo que cuando te toca te toca, nada científico mi planteamiento, lo difícil es asumirlo. Como hoy, que llovió sin estar pendiente del clima, a pesar del calor que ha hecho estos días. Hoy llovió y nos refrescó de esta monotonía, ya no solo se escuchan las sirenas de las ambulancias cada tanto, también el reventar del agua en las ventas. Así cada día. 

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