14.7.13
12.7.13
Día 124
Ayer nos reunimos a cenar y ponernos al día. Es curioso cuando los hermanos nos hacemos adultos pero seguimos siendo los mismos niños para los ojos de los otros. Niños caprichosos, consentidos, quizá hasta inmaduros. Las hermanas mayores que ahora también son madres han cambiado su forma de ver a sus hermanos menores; a veces parecen ser más comprensivas pero siempre queda un dejo de tono maternal, una preocupación fidedigna, pero a la vez una postura de lo que está bien o está mal en el otro, no en quienes emiten el juicio. Ayer cenamos para reconocernos, para reencontrarnos. No sé si lo logramos. Han pasado varios años que no cenábamos juntos los cuatro, sin hijos y sin papás, ya sea porque algunos se fueron del país para cambiar de residencia o porque otras nos fuimos quedando cerca del lugar donde nos sentimos más seguras. Platicamos para romper el hielo. Supongo que ninguno tenía expectativas de arreglar el mundo, seguramente cada uno, a su forma, siente que lo tiene todo arreglado o está en ello. Nos juntamos con la ilusión de vernos, con el cariño de sabernos hermanos, cómplices de los secretos y lealtades de mis padres para con sus padres, y de nosotros para con nuestros padres. Padres que cada uno podría definir de distinta manera pues los acercamientos para con nosotros han sido diversos. Un día mi padre me dijo que los hijos son como los dedos de la mano, todos diferentes y a ninguno se le puede querer igual. En ese momento me pareció injusto, ahora estoy convencida que es parte de la condición humana, de nuestras carencias, pero sobre todo de nuestras lealtades.
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Ayer hablamos de los silencios, de las cosas que no se han dicho, de las lealtades que permanecen, como un secreto a voces que enrarecen el ambiente. Hablamos de los innombrables, de los excluidos, de los que existen como fantasma o como muertos vivientes. Quizá exagero, quizá solo a un par le es significativo y al resto no les interesa. A mí me interesa y me preocupan los silencios, no como ausencia de sonido, sino como evasión de responsabilidades. Cuánto daño puede hacer lo no dicho? Habremos confundido ser respetuosos con evasión? Vale la pena indagar en los velado? A mí no me corresponde. Sólo sé que también he tenido lealtades, y que esas lealtades nos hacen cómplices.
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Ayer cenamos juntos. Nos vimos como adultos. Opinamos sobre nuestras vidas. Nos despedimos con la lluvia.
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Ayer hablamos de los silencios, de las cosas que no se han dicho, de las lealtades que permanecen, como un secreto a voces que enrarecen el ambiente. Hablamos de los innombrables, de los excluidos, de los que existen como fantasma o como muertos vivientes. Quizá exagero, quizá solo a un par le es significativo y al resto no les interesa. A mí me interesa y me preocupan los silencios, no como ausencia de sonido, sino como evasión de responsabilidades. Cuánto daño puede hacer lo no dicho? Habremos confundido ser respetuosos con evasión? Vale la pena indagar en los velado? A mí no me corresponde. Sólo sé que también he tenido lealtades, y que esas lealtades nos hacen cómplices.
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Ayer cenamos juntos. Nos vimos como adultos. Opinamos sobre nuestras vidas. Nos despedimos con la lluvia.
11.7.13
Día 123
En mood vacacional. Ya he hecho mucho estos meses y me ha ido muy bien. Estoy satisfecha y contenta. En breve vuelo a otros lados y a otras fronteras. Me hace ilusión.
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Llueve intermitentemente y yo en cama escucho la calle. El piso mojado que rechina con las llantas de los autos. El salpicar del agua. Las gotas que se estampan en la superficie. A veces todo me parece tan extraño, como si viera la película. Me sorprenden los detalles, las minucias, disfruto de estos momentos.
10.7.13
Día 122
siguiendo con el tema de la diferencia que existe en el trato/tratamiento del cuerpo entre Oriente y Occidente les comparto algunas de mis películas favoritas (véanse bajo su propia responsabilidad, contenido no apto para todo el público):
Pillow Book, Peter Greenaway
L'amant, basada en el libro de Marguerite Duras
El discípulo, Pan Nalin
The Bow, Kim Ki Duk
Y más que pueden encontrar en la videografía de Oriente.
Hace varios años escribí un texto que se titula "El cuerpo como objeto de arte", ahí también pueden encontrar más información al respecto.
Pillow Book, Peter Greenaway
L'amant, basada en el libro de Marguerite Duras
El discípulo, Pan Nalin
The Bow, Kim Ki Duk
Y más que pueden encontrar en la videografía de Oriente.
Hace varios años escribí un texto que se titula "El cuerpo como objeto de arte", ahí también pueden encontrar más información al respecto.
8.7.13
Día 121
Hoy en una reunión donde estábamos puras mujeres una de nosotras preguntó al resto, un poco para romper el hielo, otro tanto para hacer tiempo mientras iniciábamos la sesión, tres preguntas: quién había bebido alcohol, quién había bailado y quién había tenido relaciones sexuales durante el fin de semana. De las diez que éramos a la primera pregunta contestamos casi todas que sí; a la segunda y tercera sólo dos. Me sorprendí. Obviamente al observar el comportamiento de las que ahí estábamos una vez hecha le pregunta mi cabeza se puso a girar en un tacón. O se piensa poco en el sexo o las mujeres de una generación están ocupadas en otras cosas, no sé si más importantes pero posiblemente menos satisfactorias.
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Ya que estamos en las confesiones, el otro día me puse a ver unos vídeos porno. Me sorprendió gratamente la forma en cómo los asiáticos se vinculan con su cuerpo. En Occidente se somete a la mujer o es la mujer quien da placer al hombre. En la pornografía que se puede ver en internet o en la televisión el cuerpo de la mujer es el que se expone, el que seduce, el violentado. Una simulación de ofrecer placer a quien observa. El cuerpo del hombre está menos expuesto incluso se esconde . El hombre elabora el performance de la virilidad y la mujer de la sumisión. Aburrición total después de tres minutos. Lo mismo pasa en las parejas homosexuales, ya sean hombres con hombres o mujeres con mujeres. Alguien toma el papel de lo masculino y el/la otra de lo femenino. Doblemente aburrido. Ya de los vídeos caseros ni hablamos porque son menos interesantes. Estaba en ello cuando me llamó la atención el video de una chica asiática. Al momento de ponerlo vi que era una chica y un intersexual (hermafrodita). No pude evitar sentir pudor. Se activó mi moral y pensé en si era ético presentar un cuerpo hermafrodita. Después de esta primera impresión pensé que quizá es importante hacer visible otros cuerpos, los cuerpos que han sido doblemente sometidos y expulsados del discurso de la heteronormatividad. Una vez que se terminó decidí seguir indagando y vi uno más: dos hombres y una mujer. Inmediatamente me imaginé una escena brutal de violencia contra la mujer, pero fue todo lo contrario. Los dos hombres asiáticos se dedicaron a seducir a la mujer, a besarla, a estimularla con delicadeza, aunque nuevamente el cuerpo femenino fue el que estaba expuesto, el masculino se escondía tras las imágenes de la excitación femenina. Independientemente de lo que se pueda pensar de la pornografía, no voy a enarbolar un debate moral, digo que me sorprendió gratamente el manejo del cuerpo pues en Oriente se piensa en el acto sexual como un acto tántrico, no sólo un acto de proveer o sentir placer, o un acto de dominacion-sujecion, sino un acto de conectarse con el ser en lo más sublime de su existencia. Claramente creo que la pornografía no pretende erigirse como el camino a la iluminación de sus seguidores pero resulta interesante y morboso evidenciar esas diferencias entre culturas.
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