3.1.16

#214

5:30 de la madrugada. Misma hora en la que ayer salía de la fiesta. Estoy despierta desde las cuatro. Una forma de insomnio. Se acabaron las fiestas. Los amigos empiezan a regresar a sus casas. De donde también vengo, solo que ahora yo me quedo. Pienso, mientras espero a que amanezca, en inventarme una rutina. Me niego, que siga la fiesta. Pienso, en la continuación de mi soliloquio, que debo dejar de pensar en el futuro, solo el presente y ponerme a trabajar de inmediato. Me distraigo leyendo el Facebook. Hace días que no le encuentro la gracia pero me encuentro un artículo sobre "procrastination". Traducido como dilatar. Empiezo a leerlo, centra la idea principal en el acrónimo DUST. No es lo que a mí me pasa. Lo mío es pereza. Empieza a sentirse el frío. Es curioso porque dentro de las casas el frío se instala en los techos y cae. Cae como una brisa que penetra el cuerpo lentamente hasta que te inmoviliza. Así no puedo trabajar, prefiero seguir en la cama. Hasta que amanezca. 

#213

En la tienda de la esquina le explico al dueño-dependiente en mi mexicano lo que quiero: un "convertidor" de corriente del continente americano al europeo (énfasis en continente, por aquello de que los gringos se han apropiado de "América" como nombre propio). Adaptador de corriente, me corrige. Eso, un adaptador. También quiero un cable de audio para conectar las bocinas a la computadora. Me observa y veo que no entiende lo que le pido, me traduzco: "del portátil al altavoz". Ah!, dice, ese no tengo pero es fácil de conseguir y no es caro. Mientras pago, me sonríe galantemente, y me pregunta de dónde vengo. México, contesto y le devuelvo la sonrisa. ¿Qué haces, vacaciones? Pienso en la respuesta más veloz (estaba desvelada y no tenía fuerzas para explicarle nada). De vacaciones largas, contesto con voz de mujer de mundo, rica y que se puede dar el lujo de tomarse unas "vacaciones largas". Me sorprendo del tono y del gusto que siento al decirlo. ¿Tienes familia aquí? Vuelvo a pensar la respuesta, y en el tono anterior le digo que no, amigos de la vida, solo. Eres como yo, dice. Continúa hablando pero he dejado de escucharlo porque en mi cabeza resuena "amigos de la vida". Salgo del local. 

2.1.16

#212

Hoy inicia formalmente mi periodo sabático restante, según los documentos oficiales, por ello hoy me instalé en lo que será mi hogar de aquí a junio. Al llegar a Barcelona alquilé una habitación por airbnb. Sin duda esas habitaciones, en su mayoría, están pensadas para estancias muy cortas, dos o tres noches, yo me quedé 17 días y los últimos ya me pesaban. La colchoneta, en lugar de colchón, se fue amoldando a mi cuerpo y hundiendo hasta que conforme avanzaban los días podía sentir las tablas de lo que era una cama individual. Si a eso le sumamos el espacio reducido de mi recámara, la más "económica" del piso, dos de tres, y un solo baño para cuatro personas que se conocen de nada pero que comparten el mismo recipiente del cepillo de dientes, y que además se hablan lo mínimo porque no es necesario intimar cuando se está de paso, llegó un punto que prefería andar en la calle todo el día, no en plan sacrificio, afortunadamente estaba la comunidad cercana mexicana-catalana de fiestas varias. Y supongo que ese es el negocio de quienes hacen de su casa un hostal sin necesariamente ser hospitalarios. Lo de sustituir el hotel por airbnb tiene su punto interesante en la economía pero no en la colectividad. Se hacen reglas de convivencia, se establecen límites absurdos, como cerrar las puertas de las habitaciones con llave, y se pierde cualquier oportunidad de convivir con ese otro que está de paso. Por todo lo anterior, creo que lo que inició como una apuesta interesante de competir con los hoteles se ha reducido a un esquema de alquiler caro, de poca calidad y mal regulado. Si ya desde pequeña me gustaban los hoteles, después de esta experiencia, que no es la primera, regresaré al anonimato obligado de éstos. Por lo menos ahí sí puedo andar desnuda entre la habitación y el baño o dejar la puerta abierta en la madrugada para hacer pis.

1.1.16

Año sabático (continuación)

En 2013, con el inicio de mi primer año sabático, después de seis años ininterrumpidos como docente en la #uacm, un privilegio cada vez más escaso en las instituciones de enseñanza superior en el mundo, decidí escribir diariamente, a manera de manda, por 365 días. La intención, en ese momento, consistió en narrar cómo la experiencia creativa transforma la vivencia de mi propia escritura. 
Este ejercicio, titulado "año sabático", lo realicé durante siete meses de forma disciplinada. Algunos días con más emoción que otros y siempre con la voluntad de decir-me algo. Lo que fuera. 
Después de siete meses interrumpí mi #proyectosabatico para dedicarme a una labor que en ese momento resultaba más una aportación colectiva que un proyecto en sí mismo. Una aportación que entendía como la continuidad de la lucha por sostener un proyecto educativo complejo, pero que no respondía a intereses particulares. El día 211 (de 365), el 22/20/13, fue el último día que escribí algo referente a mi #proyectosabatico:

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Han sido dias de satisfacciones, augurios, presagios. Un proyecto une espíritus: se hacen amigos, cómplices, compañeros de combate. Frente a los ojos de dionisio las personalidades más sublimes desengranan sus convicciones y sus lealtades. Cumplí 39 años. Encontré con quien hacer un hogar. Estamos en busca de una casa. La manda de escribir se ve interrumpida.

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Cierro la página de un ejercicio lúdico de siete meses. Un ejercicio que debo rescatar, editar, publicar. Abro la puerta a otro ejercicio que debe ser igualmente lúdico, de otra forma no tendría caso emprenderlo. Un proyecto complejo, retador, enriquecedor. Un proyecto que me obliga a salir de mi soliloquio y considerar al colectivo.

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De lo escrito arriba solo fallé al momento de "hacer un hogar" en pareja. Y digo fallé sin autoconplacencia o exigencia desmedida. Sino con la certeza de que me equivoqué en varios momentos de mi(s) relacion(es). Lo que me ha permitido, a su vez, tomar la decisión de estar un tiempo sola para escucharme nuevamente sin la madeja de susurros amorfos que fui acumulando y se fueron confundiendo con exigencias e inseguridades personales.
Ahora tengo 41 años cumplidos y estoy en crisis. Una crisis aporetica: No siento la edad que tengo, no me gusta que me vean como señora (sobre todo ahora que llevo el cabello cano), pero a la vez disfruto mucho la calma y alegría de mi propio ritmo vital. Ya no hay prisa, ya no hay que quedar bien, ya no hay que estar con alguien. Con ser una misma es suficiente.
Pasaron poco más de dos años. Dos años en los que me agoté espiritual y mentalmente. Me aboqué de lleno al trabajo administrativo, a dar lo mejor de mí a esa lucha colectiva sin cortapisas y volví a fallar. A fallarme, me perdí entre el deber ser y la condición humana. Me exigí demasiado y al final terminé harta de todos. Paradójicamente, fueron sin duda dos años de muchos logros para la colectividad, algunos se desvanecieron de forma inmediata, otros nunca se reconocerán y el resto perdurarán en el recuerdo de alguien, de alguna de esas muchas personas con las que conviví.
Han pasado un par de meses después de que dejé ese encargo y hoy retomo mi #proyectosabatico con una ilusión enorme. Con una agenda abultada de aquí a cinco meses y con la energía para recuperar la experiencia creativa que se fue secando (quizá transformando en energía de sobrevivencia) durante los últimos dos años. Hoy retomo mi AÑO SABÁTICO, en/desde Barcelona, con la luminosidad del inicio de un nuevo año: 2016.


23.12.15

días de fiesta

Si en México me sentía cada vez más fuera de lugar con las fiestas decembrinas de la tradición judeocristiana, ahora que estoy en Barcelona no las siento. La familia, especialmente mis papás, son el último eslabón del anclaje a eso que no entiendo porqué se debe celebrar, y ahora que no estoy cerca de ellos, pues no me siento en la obligación de celebrar nada. De hecho me gusta no tener que pensar en ello. Demasiado pensar y poco sentir, dice mi terapeuta. Pero no es porque sea una mujer no creyente, sino porque creo en muchas cosas y creo que se debe venerar todo lo que nos hace estar vivos, incluyéndonos a nosotros mismos porque transitar por este camino tiene lo suyo, y no es una afronta sencilla. En fin, desde que llegué hace unos días he huido de las zonas comerciales, aunque con la crisis en España, los comercios todavía no se reponen del todo y es un poco más notoria la necesidad que tienen de vender en estas fechas. Hoy, por ejemplo, recibí una tercera llamada del centro de yoga, al que me asome a preguntar por su tarifas, de la vuelta de la casa donde me estoy quedando para decirme que aproveche las ofertas de diciembre. Eso hace unos años hubiera sido impensable en la ciudad del "tú mismo". Cuando por primera vez me dijeron "tu misma", como respuesta a una pregunta cualquiera como "no volvemos a ver pronto", entendí que aquí se iba a lo suyo, o a lo propio. Ayer (otro ejemplo) caminando por el Born, uno de los barrios más fancy, hasta hace algunos años, nos "invitaban" a entrar a los bares semi vacíos. En otra época, si hubiéramos querido beber algo, tendríamos que haber esperado para entrar a alguno de esos sitios. Supongo que las fiestas cambian año con año, según el ánimo de la gente. Lo que me queda claro es que estos días de fiesta responden, con intenciones fidedignas en muchos casos, a la economía mundial. Esperamos diciembre para cobrar el aguinaldo, para comprar regalos, hacer regalos y recibir regalos. No existe nada menos artificial que esto. Por eso propongo que estos días sean de guardar y si no se puede, pues pensar que son días de juntar, juntar alegrías y no esperanzas.