22.7.13

Día 135

Cambio de planes, dormir tarde, levantarse tarde. Caminar hasta el metro para encontrarnos con una vieja amiga que mis llevaría al lago. Viaje en metro, cuarenta minutos, transbordar de un vagón a otro, seguir adelante. Avanzar por lugares desconocidos pero que ya no sorprenden. Llegar a nuestro destino, un pueblo alemán a fuera de Berlín que además de sus casas con diseños altamente confortables y modernos, tiene el encanto de tener un lago. Un lago que en verano es un oasis después de un largo invierno. Es lunes y el lago poco a poco se va poblando en los pedazos de tierra que lo circunscriben y son altos para tender una toalla o una manta, desnudarse o ponerse el bañador y sacar la canasta del picnic. Todo un espectáculo. Me ilusiona que la condición humana se de estos respiros, pero pienso en mi ciudad, en mi país, en mi gente, y siento una gran tristeza, por qué no hemos podido aprovechar nuestros propios espacios públicos? Qué costo tan alto para toda la sociedad mexicana que éstos estén coptados tanto por el discurso de la inseguridad pero, sobre todo, por una ideología de las clases sociales... Es una lástima no tener la visión para democratiza los espacios públicos... 

 

Día 134

Estoy perezosa 

En Berlín el calor alenta

Malestar estomacal

Dormir con pesadez

Estar en una ciudad que ya meces ajena de por sí y no sólo por la lengua, también por la distancia y la lejanía de aquellos días que deseaba vivir aquí y compartir su cultura, ahora sólo estoy de paso

Reencuentros: dícese de los momentos en que convives con la gente de tu pasado. Reencuentros en Berlín, algunos furtivos, otros premeditados; todos amorosos.

20.7.13

Día 133

Hacer turismo implica voluntad. hoy no la tuvimos. Hoy fue día de esperar y caminar. La ruta estaba clara: Puerta de Brandenburgo; Memorial del holocausto; Tiegarten (reposo);  edificio del parlamento; paseo en barco por el Spree... Todo estaba planeado, pero no contábamos con que el ángel (ver película Las alas del deseo, de Wenders) se nos cruzaría en el camino y nos desviaría de la ruta. Aunado a que cerrarían las vías que nos llevarían de vuelta al parlamento. Decidimos reposar a la orilla del Spree, comer un bocadillo y tomar una cerveza, mientras llegaba el siguiente barco para por lo menos hacer la ruta del paseo desde el río. Pasaron los barcos, pasaron los minutos, se convirtieron en horas de reposo bajo la sombra de un árbol. Gente iba y venía, nosotras a veces observamos, otras callábamos. Finalmente nos paramos, con poca decisión, el de las 16:40 íbamos a tomar. Nunca llegó, también habían suspendido el tránsito por el río. Regresamos al ángel, el ángel de la historia que mira hacia atrás, una de las tantas metáforas de Benjamin. Esperamos el bus. Caminamos. Regresamos a casa. Hoy no hicimos turismo, o por lo menos no el turismo riguroso, quizá mañana. 



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He caminado esta ciudad bajo la guía de quienes la conocen, ahora la camino bajo los recuerdos de mis estancias pasadas. Una ciudad que me remueve, más por su historia que por mis experiencias; más por su teoría que por mis vivencias. Me gusta que en Berlín se piense desde la filosofía.

19.7.13

Día 132

El taxi nos dejó en la puerta de donde nos hospedaríamos. Una vieja edificación en un barrio que antes estaba cruzado por el muro, después fue de turcos y ahora se puso de moda. Bares que dan a las banquetas, gente caminando con cerveza en mano y muchos ciclistas de un lado a otro. 
Berlín sorprende al turista, una ciudad con encanto, sin pretensiones, cálida, amigable casi siempre. Aún así los oriundos se empiezan a quejar del turismo, no quieren que a su barrio le pase igual que en otro lados como en el Raval de Barcrlona, barrios de migrantes que fueron coptados por los empresarios para dar cabida a la economía de los servicios.
Berlín sorprende, hoy recorrimos el barrio, llegamos al Spree, quedan pedazos del muro, lo que fue el lado Este, ahora son grafitis que representan el dolor, la vorágine, la perversión. El muro de la vergüenza dicen, como el muro que divide Tijuana de San Diego. Del otro lado el río. Se podrá pensar en el fluir de la consciencia-de la memoria-como el fluir del río?

Día 131

Aterricé en Berlín. Una de mis ciudades favoritas. (Le he perdido el miedo al avión-Estoy en paz.) Me gusta llegar a las ciudades en las que ya he estado antes y recorrer con la vista, el olfato, la memoria los lugares que guardan recuerdos, emociones, risas. Hoy Berlín me despierta con el verano, la mejor temporada del año.