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#291 / Crónicas de viaje: Israel-Palestina

Dia 1

Las instrucciones de la aerolínea decían que debía estar tres horas antes en el aeropuerto porque la autoridad puede (o no) hacerte una serie de preguntas (interrogatorio) antes de subir al avión, que incluye la revisión de equipaje de mano y aparatos eléctricos, o lo que sea necesario.

I
Salí de casa con tiempo, y, a pesar de que habían cerrado parte de las vías importantes en Barcelona por una carrera, llegué justo antes de las tres horas. Me formé en una fila que parecía enorme pero en realidad no lo era. A los cinco minutos tocó mi turno. Turno al interrogatorio. Primera sorpresa. El interrogatorio lo hacen jóvenes muy jóvenes, menos de treinta años, vestidos de traje negro, hombres y mujeres. No alcancé a identificar cómo se organizan para decidir quién "entrevista" a qué pasajero, pero lo cierto es que lo hacen. Los ciudadanos pasan de inmediato, los turistas, si son familia, pasan de segundo, quienes somos mujeres-solas-solteras, esperamos a que quien nos interroga quede satisfecho con las respuestas. Es decir, que tenga la certeza de que no somos una amenaza para el país. Que nadie nos ha enviado ni respondemos a intereses ajenos. 

A continuación intentaré transcribir la hora que duró, aproximadamente, la "entrevista".

Una mesa que me llega a la altura del pecho sirve de frontera entre David (su nombre es pura casualidad) y yo. 

D: Shalom
Yo: Shalom
D: a dónde viaja?
Y: Israel
D: de dónde viene?
Y: México 
D: enséñeme el pasaporte, por favor.

Abro la cartera que había comprado un día antes para llevar todas las tarjetas, visas, incluída la de Estados Unidos (para comprobar que soy moralmente solvente para los estándares internacionales), y demás documentos que pudieran solicitarme. En el apartado de los pasaportes tenía al frente el mío y una libreta roja del tamaño de un pasaporte atrás. Le entrego el pasaporte.

D: enséñeme el otro pasaporte también.

Se refería a la libreta roja que alcanzó a ver en la milésima de segundo que saqué mis documentos. Espero que también haya podido ver mi visa estadounidense, un tesoro identitario en algunos países...

Y: es una libreta.

Se da media vuelta y en una computadora revisa mis datos y sellos en el pasaporte de mis entradas y salidas del país.

D: a qué fue a Marruecos?
Y: a trabajar con la gente de la universidad.
D: qué universidad?
Y: la Autónoma de Barcelona?
D: a hacer qué exactamente?
Y: presentar avances de investigación.
D: a que va a Israel?

En este punto, a pesar de que me había imaginado el interrogatorio y las posibles preguntas, me pareció incorrecto decir de vacaciones. Preferí afirmar que iba de trabajo pero sin mencionar que mi trabajo en realidad consistía en ir a las zonas de convivencia fronteriza.

Y: a conocer su cultura.
D: viaja sola?
Y: sí.
D: tiene residencia española?
Y: no, tengo una visa de investigadora.
D: qué es eso?
Y: estoy de sabático y hago investigación.
D: a qué se dedica?
Y: soy profesora, académica, escribo libros...
D: qué investiga?
Y: las comunidades desde la filosofía.
D: qué es eso?
Y: investigo la convivencia entre comunidades para establecer modelos de sociedad desde la filosofía de la cultura.
D: y por qué viaja a Israel?
Y: porque varios de los filósofos con los que trabajo se refieren a la filosofía semita. Además, al ser católica es importante para mí entender de dónde proviene parte de mi ideosincracia.
D: qué filósofos son esos?
Y: Enrique Dussel, Étienne Balibar, Jacques Derrida, entre otros.
D: pero eso qué tiene que ver con su viaje?
Y: pues al estar influenciados por el dominio de la filosofía eurocentrica quiero conocer parte de los orígenes judeo-cristianos.
D: desde cuando planeó el viaje.
Y: desde hace más de un año porque hacer todos los trámites para obtener la visa española toma su tiempo.
D: qué documentos le pidieron para la visa?
Y: carta de aprobación de sabático por parte de mi universidad, carta de aceptación de la universidad española, seguro de gastos médicos y comprobante de ingresos.
D: tiene esos documentos? 
Y: puede ser que en el dropbox.
D: me los enseña por favor.
Y: ok

Empiezo a buscar pero como no quería usar mis datos móviles y no estaba funcionando la free wi-fi, David sacó su celular y me compartió de los suyos. Obviamente pensé que a partir de ese momento tendrían acceso directo a toda la información de mi teléfono. 

D: mientras busca, me puede decir que hace exactamente en la universidad [Autónoma] de Barcelona y en qué departamento está...
Y: tenemos un convenio firmado entre universidades que nos permite la movilidad docente para hacer un proyecto en conjunto. En el departamento de Sociologia.
D: La informó a la gente de la universidad que iba a hacer investigación en Israel. 
Y: sí, cuando estábamos firmando el convenio les envié un mail con mis intereses de hacer el viaje.
D: hace cuanto tiempo de eso?
Y: más de un año.
D: tendrá el mail donde les informa?
Y: puede ser, casi siempre borro todo pero quizá esté, lo busco.

Mientras buscaba me seguía preguntando datos de las reservas de hotel, cuánto tiempo me pensaba quedar, si conocía gente en Israel, hace cuanto tiempo había comprado el boleto de avión... Un momento de mucha concentración porque al tiempo que contestaba sus preguntas sin titubear trataba de encontrar en mi celular todos los documentos que afortunadamente sí tenía.

D: ya vamos a terminar... Ya verá que es mejor hacerlo ahora...

Sonrío... He de decir que nunca dejé de verle los ojos y en ningún momento me irrité ni mostré ansiedad... De antemano sabía que este viaje empezaría así.

Y: aquí están los documentos... 

Le doy el celular y los empieza a leer. Cuando llega al mail, donde explicó que quiero investigar Israel-Palestina, voltea inmediatamente.

D: tiene pensado viajar a Palestina.
Y: bueno, eso creía antes de conocer la situación... No sabía que la situación era tan grave...
D: pues le recomiendo que no vaya.
Y: ok.
D: qué resultados espera obtener con su viaje?

Pienso la respuesta unos segundos.

Y: no sé, hasta que esté ahí lo sabré, puede ser que no me sirva para nada... No lo sé...

Único momento en que lo observo titubear. Casi siempre la honestidad funciona en estos casos. En realidad no sabía con lo que me encontraría en el viaje, es más, no sabía si podría entrar a Israel.

D: ya casi terminamos. Enséñeme los mensajes de Facebook de su amigo en Tel Aviv. La credencial de la universidad. El boleto de vuelta y la reservación de los hoteles. Mientras los busca voy a hablar con mi jefe.

Le enseñó todo lo que me pide, los lee con calma, me regresa el celular y desconecta sus datos móviles.

D: pase por acá, voy a revisar su bolsa de mano.

Lo sigo, saco la cámara y el kindle, que es lo único que llevaba, además de la cartera, y empieza a escanear uno por uno. Me hace firmar una hoja donde autorizo a que revisen mi equipaje. Una vez que ha terminado me lleva al mostrador donde entrego la mochila.
Se despide de mí deseándome buen viaje. Me despido, doy media vuelta y respiro. 

II
Llego a la entrada que conecta con las salas de espera. Debido a los últimos ataques en Bruselas, el control y la revisión son aún más exhaustivos... Ademas, han aislado las salas de la sección del shopping center, solo hay un pequeño duty free. Pienso en lo aburrida que estaré por unas horas. Paso los dos controles sin problema y faltan dos horas para el vuelo, o por lo menos eso pensaba. El avión se retrasó y partimos una hora después de cómo estaba programado. En el ínter dudé un par de veces seguir con la travesía y en una ocasión estuve a punto de no hacer el viaje. Tenía ansiedad. El interrogatorio había surtido el efecto de saberme observada por un poder omnipresente.

Segunda sorpresa, la comunidad israelí es más muegano que la mexicana y mucho más escandalosa (entre otras características que con el paso de los días me provocaron mucha intolerancia, nuca había experimentado tanto malestar con una comunidad y mucho menos en tan poco tiempo). Durante el viaje, la ansiedad se hizo presente al despegar, afortunadamente un señor mayor ocupó el espacio que quedaba vacío junto a mí (en los asientos de la salida de emergencia de un avión jumbo donde puedes estirar las piernas) e intentó ser amable con mi soledad. Las sobrecargos mal encaradas, especialmente con las mujeres solteras, no hacen placentero el viaje (una cuestión cultural que desarrollo en las siguientes crónicas). Intento dormir algo después de terminar el libro de Amélie Nothomb pero no lo logro.

III
Llegamos, ya es de noche y pienso en lo que me falta, no sé si pueda con otro interrogatorio igual. Ubico migración, hay poca gente. Veo las caras detras de los mostradores, donde están los encargados de darte el permiso azul (la tarjeta de la visa por tres meses y que sustituye los sellos en el pasaporte por motivos que desconozco hasta ahora) e intento que sea nuevamente un joven el que me interrogue, pero la mujer mayor se adelanta. [Ya empezaba a desconfiar de las mujeres y su mal carácter.] Sonrío y la saludo. Empiezan las preguntas. Tres solamente: a dónde va, por qué tiene visa española, qué hace. Contesto. Duda un momento. Me entrega mi permiso azul. Respiro, sonrío y me acuerdo de David (el entrevistador). Tenía razón, era mejor hacer el interrogatorio previo a hacer el viaje. Siento un gran júbilo, durante años había pensado en hacer este viaje y finalmente me hallaba aquí, en Israel. 

Agarro mi maleta, salgo del aeropuerto y busco el lugar de los shutle que me llevan a Jerusalén. Había decidido empezar el recorrido allí. 

Tercera sorpresa, la infraestructura urbanística y especialmente de las autopistas oculta todo aquello que no quiere ser mostrado. En menos de una hora estaba en el hotel. En menos de una hora ya estaba dormida. El primer día había resultado agotador y hasta que no llegué a Tel Aviv, días después, no pude realmente dejar de sentirme observada.










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