18.6.13

100

100
Cien
100
Cien

Ayer hice cien días de sabático y se me olvidó escribir.

Cómo pueden pasar los días y olvidarnos de en qué día vivimos? Es una noción occidental del tiempo que nos rige como autómatas. Quisiera desapegarme del tiempo, dejar de contar, pero no puedo. Mi mente va más rápido. Soy una obsesiva del pensamiento y del hacer. He encontrado en el contar un cierto letargo y aún así se me olvida escribir.

100
Cien
100
Cien

Han sido días maravillosos.

16.6.13

Día 99

Recién nos recostamos y como es ritual estábamos revisando las últimas noticias en el Facebook, Twitter, guats up, etc. Un vistazo antes de dormir por si se nos va alguna noticia importante que no pueda esperar al otro día para ser leída. En eso estábamos, como todas las noches, cuando la habitación brinca. Primero pensé que estaba soñando, después que una bomba había explotado cerca, pero no había escuchado nada, finalmente que alguien me había jalado de los pies. Como cuando niña te asustan diciendo que si no te vas a dormir temprano vendrá el mounstro a jalarte los pies. Estaba en una retahíla de hipótesis y el jaloneo no terminaba. Votamos los celulares, nos volteamos a ver.
-esta temblando, dije.
-qué hacemos dijo M.
-vestirnos y salir, le conteste.
Hicimos lo que pudimos en el menor tiempo posible mientras las paredes tronaban y el espanta-espíritus del comedor trinaba.
Salimos a la jardinera. El temblor paró pero mis piernas seguían temblando. Traje conmigo el celular y pronto empecé a localizar a la familia. Todo en orden. Sólo el susto. Nos quedamos un rato más afuera. El cielo se ilumino con un relámpago silencio. Los perros dejaron de ladrar. 
Regresamos a la cama. Prendí la tele. No encontré noticias. Busque en fb y Twitter,      todxs escribían sobre el temblor a manera de reporte. Algunos empezaban a hacer chistes. Otros comparaban el temblor del 85 con éste. Si la memoria no me engaña éste lo sentí peor. Me asusté. Cuando creía que quien vive en la Ciudad de México debe acostumbrase a los temblores, una sacudida como ésta evidencia mi necedad. No te puedes acostumbrar a un temblor. Mucho menos si es trepidatorio.

15.6.13

Día 98

Cuántas personalidades podemos tener? Cuántas conocemos o nos conocen o aprendemos o desarrollamos? Algunas nos gustan más que otras quizá porque es la más cool o la más erudita o la más compasiva. A la vieja loca que habita en la azotea de la cabeza la desconozco, la niego, la reprimo, pero deambula todo el tiempo. Observa, gruñe, llora, grita. La vieja loca traduce lo que le acomoda. No tiene miramientos ni compasión. A veces quiero desterrarla, sobre todo cuando se apodera de mí como un exorcismo cegador. Me asusta. Me asusto. En un segundo un hoyo negro donde todo puede pasar, pero que seguramente no querré recordar ni asumir ni explicar. Llegado ese punto es mejor a la vieja loca que también soy yo.

Día 97

Rocé mis labios con el dedo gordo de la mano. Regresión. Volví a sentir placer. Un placer infantil. Un placer prohibido. No me había pasado antes. No es la misma sensación de rozar los labios con otros labios u otros dedos. Esta vez fue una regresión a ese lugar de confort infantil. Un lugar donde por muchos años, y a pesar de varios intentos de mis padres para impedirme chupar el dedo, encontré seguridad. De un día a otro lo dejé de hacer sin motivos ni explicaciones. Sólo quedaron las secuelas: dedos largos y aplanados en ambas manos. Las secuelas de la ansiedad, del miedo, de ja inseguridad, posiblemente de la separación o del abandono. Esa fijación infantil oral seguramente la suplí con otras fijaciones, obsesiones o inseguridades. Indagar me resulta ocioso. Me sorprende que mi cuerpo tenga esa memoria. Un recuerdo que la razón de negó a aceptar.

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Cuerpo desnudo
Radiografía de la memoria
Posición fetal
En cuatro extremidades

Masaje

Caderas deslocadas
Rodillas juntas y rotadas
Espalda ancha
Omoplatos constreñidos

Masaje

Dicen que el cuerpo 
tiene memoria
Dicen que se debe
liberar energía  
Dicen que el cuerpo
reconoce las heridas

Masaje

Bombardeo de imágenes
Una película silenciosa
Recuerdos distantes
Reencuentros 

13.6.13

Día 96

Una amiga de la India que conocí en Tijuana me envió un poema. Un poema escrito en sus cuatro lenguas. Cuántas lenguas tenemos? Cuántas formas de leernos, de describirnos, de escribirnos? Lo que lamento es no poder leerla en las cuatro. Me gustaría ser poliglota pero hasta ahora solo domino mi lengua materna, las impostadas me resuenan en la cabeza. El poema habla de las lenguas que uno aprende, que nos identifican, con las que nos identificamos por los lugares a los que vamos, en los que estamos, en los lugares de afección y aflicción. Derrida tiene un texto maravillo sobre la lengua materna, sobre esa lengua que nos condiciona pero que no es nuestra esencia. Dice que solo tenemos una lengua y esa lengua no es la nuestra. Quizá por el discurso en sí tampoco nos pertenece, solo nos construye o lo construimos socialmente. El poema termina "en esta esquina hablo muchos idiomas". En la esquina de México es verdad que se hablan muchos idiomas, muchas lenguas, casi todas están de paso.

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A
G
O
B
I
O
me llené de trabajo
trabajo voluntario
trabajo creativo
trabajo a fin de cuentas

A
G
O
B
I
O
es curioso que quien escribe
ahora debe pagar para que lo publiquen
es curioso que quien escribe
quiera pagar para ser leído

A
G
O
B
I
O
es curioso
no tengo carro
ni casa
ni deudas
pero estoy pensando
en pedir al banco
para pagar mis libros
vale la pena?

A
G
O
B
I
O
la dicha
la creación
la libertad
también agobian.